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Así es La Zagaleta, el refugio más caro de Europa

Es madrugada de un día cualquiera y suena un teléfono. A un lado de la conversación, uno de los habitantes reclama con urgencia un pino de una especie canadiense que debe lucir en el jardín de su mansión al día siguiente. El servicio escucha. El vecino vuelve a la cama y al despertarse puede contemplar el flamante árbol desde la ventana. El lujo es desear y poseer de inmediato.

Así transcurre la vida en La Zagaleta, el complejo inmobiliario más lujoso de Europa, 3.000 millones de euros en 900 hectáreas de monte, el mismo terreno donde aprendió a cabalgar una niña de nombre Athina Onassis. Golpea el sol esta mañana y no hay nadie en las calles de la urbanización cuando nos invitan a conocer en exclusiva este lugar en el que tienen sus casas algunas de las mayores fortunas del mundo, donde pocos extraños han logrado entrar.

Este mismo modelo inmobiliario y de servicios se aplicará ahora en Sotogrande, donde La Zagaleta Limited acaba de adquirir el grupo Valderrama, dueño del campo de golf Valderrama, uno de los mejores del mundo. En esta zona diseñarán un nuevo Campo de Golf Championship, además de un resort residencial equiparable con la urbanización primigenia, un proyecto que supondrá una inversión de más de 200 millones de euros.

La Autopista del Mediterráneo, al salir de Málaga, es como un pasaje de Crematorio, la gran trituradora de Rafael Chirbes. Los bloques decrépitos de los años del turismo depredador ceden ante urbanizaciones cada vez más espléndidas. A la izquierda, la Costa del Sol; a la derecha, entre los cerros, las primeras mansiones. Muy pocos saben qué aspecto tiene La Zagaleta, desde la urbanización puede verse todo pero nadie puede verla a ella. Ni siquiera está mapeada por Google. No es como Sotogrande, donde la vida social es pasto de la prensa rosa. En esta finca de Benahavís, la vida discurre de puertas para adentro. Lo primero que llama la atención es el silencio. En todo caso, serpentean algunos aspersores. Enseguida se divisan las cámaras de seguridad.

 

El ideólogo de este panóptico al Mediterráneo y África fue Enrique Pérez Flores, hoy presidente honorífico. Su plan fue construir 3.000 viviendas pero finalmente planteó sólo 420 para garantizar la supervivencia del pletórico entorno natural. No en vano, poco después de que comience nuestro recorrido por las suntuosas calles flanqueadas por filas de adelfas blancas, tres ciervos se nos cruzan antes de perderse montaña arriba. «Se ven cada día», presume Sergio Tiedeke, director de La Zagaleta Service.

KHASHOGGI, EL PRIMER DUEÑO

Adnan Khashoggi, el traficante de armas saudí, bautizó el terreno como Al Baraka. Se construyó en una de las lomas una mansión que le fue embargada tras su procesamiento en EEUU y que hoy alberga la Casa Club. Las propiedades salieron a subasta y se adjudicaron a un grupo de inversores españoles, suizos, alemanes y norteamericanos. Hoy la preside Oswald Grübel, ex consejero delegado de UBS y ex CEO de Credit Suisse.

Sus más de 230 casas están estratégicamente emplazadas para que cada dueño pueda sentir que corona el litoral. Los precios oscilan entre los cinco y los 25 millones de euros, van de los 3.000 a los 10.000 m² y las habitan sobre todo altos directivos de multinacionales que desean una vida retirada. Para poder vivir allí, la inversión debe representar un 10% de su fortuna. Mantener la residencia suele tener un coste de unos 70.000 euros anuales y la cuota de comunidad ronda los 5.000 euros.

La Zagaleta tiene la obligación de no hablar jamás de los propietarios, aunque han reconocido residir allí empresarios como Santiago Foncillas, ex presidente de Dragados;Hans Snook, fundador de Orange Telecom; Jürgen Bartels, ex CEO de la cadena Starwood Hotels, y Lord Stanley Fink, CEO de International Standard Asset Management, presidente de Earth Capital Partners y ex tesorero del Partido Conservador británico, entre otros. David Heinemeier, creador de Ruby on Rails, que ha servido de base para Twitter, es otro de sus vecinos. Unas horas separan sus villas malagueñas del resto de Europa.

 

El paseo continúa entre encinas y pinos. Cada casa tiene su propia carretera y su propio perímetro de seguridad. «Si el huésped lo desea, puede encargar un helicóptero para ir a almorzar a Sevilla y nosotros debemos proporcionárselo», explica Mónica Manser, directora comercial de La Zagaleta Service. Domina cinco idiomas y es quien se encarga de coordinar que cualquier deseo sea concedido. Antes de que los propietarios regresen de sus periodos fuera, ya sabe qué flores les gusta tener en casa, a qué temperatura les apetece relajarse en el jacuzzi o con qué champán les gusta brindar.

Junto a ella, un ejército de 120 profesionales plurilingües logra que todo funcione como una maquinaria perfecta. Chóferes, entrenadores, canguros, secretarios, chefs… Dentro hay un banco y una aseguradora. La rumorología, aquellas leyendas que aseguraban que Julio Iglesias quiso construirse una mansión allí y que fue vetado por farandulero o que Putin tenía una de sus viviendas de veraneo entre sus muros, es falsa. La espantaron ignorándola. Ni Shakira ni Beckham residen aquí.

EN EL INTERIOR DE UNA MANSIÓN

Los guardianes de La Zagaleta nos permiten conocer por dentro una de las mansiones en venta. La antecede una plaza descomunal. Sorprende el césped mullido, húmedo. «Lo cambiamos varias veces al año plantando la especie que más se adecue a cada estación. Siempre está recién cortado, haya o no gente en la casa», afirma Tiedeke. Dentro, tras cruzar la puerta de un gigante, todo luce impecable, resplandeciente.

La ostentación se reparte en suelos de mármol, muebles de caoba, obras de arte. Eso sí, los pasos se dan con cautela no vaya a ser que un tigre de porcelana le cueste a alguien los ahorros. Sólo el hall es del tamaño de un adosado. Barandillas doradas, gimnasios, garaje para seis coches, un gran cenador desde el que asistir a una puesta de sol privada, sala de juegos, bares, un cine, apartamento de invitados, baño turco, chimeneas. Solos en una estantería, tres tristes libros. La excelsa piscina parece suspendida en el aire; lo que hay detrás es un acantilado.

En el club de hípica viven 20 caballos de raza, lavados y aseados con agua templada, champú y acondicionador cada vez que alguien los monta. Un sistema de ventiladores se encarga de que no pasen calor en sus amplios habitáculos, que se limpian diariamente. Hay ponnies de varios tamaños, para que ningún niño se quede sin montar.

El paseo culmina en uno de los dos campos de golf de la urbanización. 90.000 euros de cuota de socio. A La Zagaleta nunca llegaron los titulares de la crisis. No hay stock ni deuda. Sólo lujo. Un par de kilómetros después de salir, un matrimonio de ancianos vende naranjas en el arcén.